

Antonio López, en respuesta a la pregunta de cómo elegía sus motivos, decía que “…la selección de lo que quieres pintar surge al hilo de tu vida en la ciudad…”. Otro Pintor figurativo, Barceló, dudaba entre otorgarse o no la paternidad de una frase que podría pasar por una declaración de principios creativos: “pintamos porque la vida no basta”. Mas tarde, en su taller africano de Gao, se dio cuenta que la vida allí “si bastaba… e incluso podía ser excesiva”. Aun así siguió pintando; daba igual que lo que le rodeaba fuese horrible o deslumbrante, porque llega un momento en el que el dique emocional rebosa y no hay nada que hacer sino trabajar.
Y creo que ahí reside un secreto esencial, el motor que nos acerca una y otra vez al lienzo: La Vida, que adoptando muchas y diversas formar, nos habla y deslumbra… asusta, pero siempre provocando una vibración simpatética en nosotros. Al final da lo mismo que eso que nos percute sea la ciudad donde vivimos, una aldea africana desconocida, o un pequeño arbolito que una tarde nos guiñó un ojo. Lo único que podemos hacer nosotros es pintar.
Robert Shilo
Wilderness, octubre de 2006 Ver Currículum